2027. POR JOSÉ MIGUEL ROBLEDILLO.

 Nos encontramos entrando al verano, con fechas señaladas en el calendario: vacaciones, cumpleaños, días de playa, escapadas… Con la política, como con el curso académico, siempre encontramos otras formas de organizar el tiempo; los años no son naturales, y los hitos que marca el calendario son otros.

Ahora mismo la marca está puesta en 2027, otro año electoral. Alianzas que se rompen, otras que se forjan: vamos encaminándonos hacia esa fecha ineludible. Algunos la ansían y otros la temen; unos echarán balones fuera y otros parasitarán al vecino.

La política es esa maquinaria imparable que todo el mundo aparenta entender, y en la que solo se fijan en los resultados y no en el proceso. Los candidatos, o más bien los partidos, quieren ganar, y todos buscan una fórmula mágica: unos dirán que hay que vender al candidato como un coche, que sea eficiente, que consuma poco; otros convierten el miedo en odio para manipular a la opinión pública; otros no se mojan y presumen de tener un candidato "moderado". Pero lo que realmente funciona es escuchar a la gente. Necesitamos volver a poner a la gente en el centro, salir a la calle, poner los pies en la tierra y, sobre todo, abrir los oídos. El éxito de Kahr en Austria se explica así: escuchando, fortaleciendo el músculo asociativo, poniendo las problemáticas de la gente en el centro y, sobre todo, dando respuesta a esas problemáticas.

No es una receta nueva, aunque hoy se presente como si lo fuera. Ya en 1922, en una conferencia pronunciada en la Casa del Pueblo de Madrid, Largo Caballero sostenía que los derechos de los trabajadores no se mendigaban ni se recibían como concesión graciosa del poder, sino que se conquistaban, y que para conquistarlos hacía falta, ante todo, contar con organizaciones fuertes. Un siglo después, cambiando el vocabulario de clase por el de ciudadanía y el sindicato por la agrupación o la asociación vecinal, la lección apenas se ha movido: sin estructura, sin militancia sostenida en el tiempo y sin presencia constante en la calle, cualquier programa por bien escrito que esté se queda en papel. La fórmula mágica no existe; lo que existe es el trabajo de base, que no da titulares pero que sostiene todo lo demás.

Y ahí está, quizá, el verdadero problema de una izquierda que mira 2027 con más ansiedad que estrategia: ha confundido demasiadas veces la comunicación con la organización. Se puede tener el mejor spot, el eslogan más certero, el candidato mejor perfilado en redes, y aun así perder, porque ese trabajo de escaparate no sustituye al de la calle. La militancia no es un activo simbólico que se saca a pasear en campaña; es la infraestructura que permite saber, antes de que lo diga cualquier encuesta, qué le preocupa de verdad a la gente. Se fortalece afiliando, sí, pero sobre todo formando, dando responsabilidad real a quien se acerca, y no relegando a la militancia al papel de público aplaudiendo desde la grada.

Frente al verano que empieza, con la política puesta en pausa aparente mientras todo el mundo mira hacia otro lado, el tiempo que no se ve es el que más cuenta: el de tejer red antes de que llegue la urgencia electoral. Porque cuando llegue 2027, no ganará quien mejor venda el coche, sino quien durante estos meses haya estado, de verdad, escuchando.

Y así, mientras el calendario nos devuelve al verano, a las vacaciones, a los cumpleaños, a los días de playa que parecen suspender el tiempo político, conviene recordar que ese calendario también engaña. No hay pausa real: los meses que ahora se viven como descanso son, en realidad, los que decidirán quién llega a 2027 con algo más que un candidato bien vestido. Los años no son naturales, decíamos al principio, y tampoco lo es la victoria. Se escribe, silenciosa, en las agrupaciones que siguen abiertas en agosto, en las conversaciones que no salen en ninguna encuesta y en la militancia que no se toma vacaciones de escuchar. Cuando el calendario vuelva a marcar septiembre, se notará quién pasó el verano vendiendo coches y quién lo pasó tocando puertas.

José Miguel Robledillo.
Vicesecretario General de Juventudes Socialistas de Albacete y Secretario de Nueva Militancia de Juventudes Socialistas de Castilla-La Mancha.



Comentarios

Entradas populares